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miércoles, 3 de febrero de 2016

Detectar la pedofilia y prevenir la violencia sexual sobre los menores.

       La Ley Orgánica de Protección del Menor, recientemente aprobada en España, incluye medidas destinadas a la protección de la indemnidad y desarrollo sexual de los niños y adolescentes. Como es bien sabido los abusos sexuales sobre los menores tienen una prevalencia importante, aproximadamente un preocupante 17 %. Además suceden en todos los contextos donde los menores conviven o están en contacto con adultos que les cuidan y atienden. El problema de la violencia sexual ejercida sobre los menores es algo más que las alarmas provocadas periódicamente por alguna noticia según la cual “un religioso o un entrenador deportivo ha sido condenado a prisión por abusos o agresiones sexuales a menores”.

       En España se ha regulado, por la ley antes citada, el requisito de que todas aquellas personas que trabajen con niños y adolescentes, sea cual sea su especialidad profesional, demuestren que no tienen antecedentes penales por delitos de agresión, abuso sexuales, exhibicionismo, prostitución y corrupción de menores. Naturalmente esta ley afecta a muchos y distintos profesionales (sanitarios, educadores, profesionales de los servicios sociales, del campo jurídico,….) y para-profesionales (voluntarios, cuidadores..) que han de demostrar que “no” están incluidos en el recién creado Registro Central de Delincuentes Sexuales, creado en la citada ley.

       Desde una perspectiva psicológica y forense es muy probable que esta medida sea menos eficaz para lo que se pretende. Se nos ocurren varias razones para mantener esta afirmación. La primera es que las condenas por delitos de violencia sexual contra menores solo se aplican a una mínima minoría de los casos de abusos sexuales reales que sufren los menores, ya que la mayoría de éstos pasan desapercibidos, sus autores no suelen ser identificados, detenidos y condenados, por tanto no estarán en el Registro de Delincuentes Sexuales.

     El segundo motivo tiene que ver con la posibilidad técnica de identificar con precisión la pedofilia, uno de los grandes predictores de los abusos sexuales a menores. Esta tarea, que corresponde realizarla a los profesionales de la psicología forense y expertos en psicología clínica o psiquiatría, es especialmente compleja. Sabemos que la pedofilia es un trastorno mental crónico, difícil de tratar y mucho más de detectar, excepto en aquellos casos donde ya ha habido actos de pederastia previos y conocidos. Además los afectados por este trastorno, aun habiendo sido condenados por delitos de este tipo, no pocas veces la esconden y la niegan. Los procedimientos genéricos y habituales de exploración de la personalidad y de las alteraciones mentales son del todo insuficientes para identificar y detectar a los agresores sexuales de menores.
    Por tanto ni el registro de antecedentes penales por abusos sexuales sobre menores ni las técnicas tradicionales de exploración psicológica o psiquiátrica, al uso en los procesos de selección de personal, pueden detectar con precisión a los futuros agresores sexuales. Ni aún combinándolas se pueden utilizar con eficiencia en la selección universal de todo aquel que quiera trabajar con menores. Los procedimientos tradicionales de los antecedentes penales o las exploraciones clínicas genéricas no tienen la utilidad que se pretende, los primeros por su poca validez y los segundos por su inespecificidad. 

Se requiere una nueva tecnología, propia de la practica forense, consistente en la valoración del riesgo de violencia sexual futura. Esta técnica combina informaciones diversas como la existencia o no de antecedentes penales, las exploraciones psicológicas, además de otras muy específicas que permiten anticipar la probabilidad de ocurrencia futura de estas conductas delictivas. Actualmente ya existen experiencias y pruebas eficaces de prevención basadas en este tipo de técnicas de valoración del riesgo que los profesionales forenses entrenados pueden aplicar de forma adecuada. Estas técnicas no son de aplicación universal en todos y cada uno de los procesos de selección de profesionales que vayan a trabajar con menores sino que son de uso específico en aquellos casos donde existan indicios o evidencias que hagan necesaria esta valoración del riesgo.
Guía de Valoración del riesgo de violencia sexual (ediciones UB)
     
     En muchos países, de forma oficial o por iniciativa privada, se está regulando el acceso a los puestos de trabajo que comportan el contacto habitual con menores. Así por ejemplo en Australia se dispone de una “certificación oficial”, a modo de carnet de renovación periódica, para trabajar con menores. En la Escuela Real de Danza del Reino Unido, cualquier profesional que quiera entrar a trabajar con los niños y adolescentes que allí se entrenan y perfeccionan, es minuciosamente analizado por especialistas en psicología forense entrenados en la tarea de detectar posibles abusadores o agresores sexuales pedófilos y del riesgo de que lo sean. Esta es una tarea a medio camino entre la selección de personal y la pericia forense que está avanzando técnicamente mucho en los últimos años. Con la simple comprobación de la ausencia de antecedentes penales por delitos sexuales con menores, se controlará de una forma muy poco precisa el riesgo de cometer abusos sexuales a menores, por parte de los profesionales u otras personas que trabajen con ellos. Evaluar ese riesgo requiere técnicas muy específicas, propias de los psicólogos forenses y expertos en la delincuencia sexual. Un grave fracaso en la detección de la pedofilia, a modo de ejemplo, ilustra lo que queremos explicar: la extrema dificultad de esta tarea. Nos referimos al desgraciado caso del “agresor sexual de menores de Castelldans” cuyo autor, actualmente condenado a prisión, lo esta por haber cometido numerosos abusos sexuales sobre distintos menores que él tenia en acogimiento en su propio domicilio. Este trabajador social, sistemáticamente superaba con éxito todos los controles y entrevistas periódicas que los responsables de la acreditación de su idoneidad realizaron con él. Y estos expertos están preparados y tienen experiencia en la tarea de evaluar la idoneidad de aquellos que quieren adoptar o realizar acogimientos infantiles. Es claro que los profesionales no lo hicieron bien, sobre todo si nos fijamos únicamente en este resultado. Pero seria injusto acabar aquí el comentario sobre la actuación de estos profesionales ya que, como en cualquier profesión, no siempre los resultados obtenidos son los que se pretende y hay, como no, errores y más cuando la tarea incluye una predicción hacia el futuro. Hay que decir, en su favor, que los recursos técnicos disponibles para detectar la pedofilia son realmente muy limitados. En los últimos años se han propuesto nuevas formas de evaluación y la detección de la pedofilia que están probándose en centros avanzados de estudio de las técnicas forenses y que empiezan a dar sus primeros resultados. 




Hay que mejorar la prevención de los abusos sexuales a menores, fallar en la detección de la pedofilia es fácil y las consecuencias demasiado graves. La pedofilia es un grave problema de salud mental y muy difícil de detectar sino es a posteriori de la comisión de los abusos sexuales. Una analogía ayudará a comprender la dificultad de esta tarea. Imagínese el lector que queremos pescar en un mar lleno de distintos peces y el que nos interesa, uno de ellos no muy escaso, pero pequeño y escurridizo (la pedofilia) y lo queremos pescar con una red que tiene la trama muy amplia y grande (el certificado de no estar registrado en el registro central de delincuentes sexuales). El resultado ya se lo imaginan: se van a colar muchos pedófilos y la prevención por medio de este procedimiento estará llena de errores. Capturaremos peces si, pero no los que queríamos. Y los errores se conocerán cuando un seleccionado, sin antecedentes en el momento de la certificación, cometa un abuso sexual sobre un menor.  Pero entonces ya no sirve porque la prevención ha fracasado. Es necesario, para hacer una buena prevención, incorporar técnicas más eficaces en la tarea de detectar el riesgo de violencia sexual. No obstante estas técnicas hay que aplicarlas cuando convenga, no están diseñadas para su aplicación universal y generalizada a cualquiera persona que trabaje o vaya a trabajar  con menores.



sábado, 16 de enero de 2016

Programado el Taller de Formación avanzada en Valoración de Riesgo de Violencia. 

10 y 11 de Junio en el IL3 de la Universidad de Barcelona. 


                                                             MAS INFORMACION  


HCR-20 V3 y RSVP: Actualización y nuevos instrumentos de valoración del riesgo de violencia.


    Este mes de Enero nos presenta una interesante novedad en los instrumentos de valoración de riesgo de violencia en español. Se han publicado el HCR-20v3 y el RSVP y están disponibles en la editorial de la Universidad de Barcelona. También en esta ocasión la traducción y adaptación de las versiones al español ha sido realizada por los miembros del Grupo de Estudios Avanzados en Violencia de la Facultad de Psicologia de la Universidad de Barcelona (GEAV)


      El HCR-20v3 es la nueva versión del “clásico” HCR-20, el “gold estándar” de los protocolos de valoración de riesgo de violencia física interpersonal mas utilizado, tanto por profesionales de la salud mental como del ámbito criminológico. La versión 2 del HCR-20 (también disponible en español en la edición de la UB, aunque esta agotado y no se reeditará más) se publico en 1997 y, desde Canadá, se ha extendido a todo el mundo. En España editamos la versión en español en 2005 y hoy es la herramienta de predicción del riesgo más utilizada también en español (Arbach y otros, 2015). La nueva versión, la V3, ha sido adaptada por la Dra. Arbach y el Dr. Andres-Pueyo, representa un importante cambio y mejora sobre la anterior versión. Aunque sería muy largo describir todas las innovaciones es relevante mencionar tres importantes cambios: una extensa delimitación de que es la violencia interpersonal y como predecirla en contextos de intervención profesional, una redefinición de los ítems del protocolo y el énfasis en los procesos de gestión del riesgo. Con estos cambios la mejora en la eficacia predictiva y validez práctica ha aumentado notablemente.


     
El RSVP es un protocolo, inicialmente diseñado en 2003, que complementa de forma adecuada el SVR-20 que es la herramienta específica de valoración del riesgo de violencia sexual. El RSVP es un instrumento que introdujo novedades en los procesos de gestión del riesgo de violencia sexual al centrarse en los factores dinámicos y, por tanto, de una utilidad en los procesos de tratamiento con los agresores sexuales. La edición española ha sido adaptada por el Dr. Loinaz, la investigadora T. Nguyen, el experto en delincuencia sexual J. Carlos Navarro y el Dr. Andres-Pueyo. Una de sus innovaciones más destacadas es la inclusión de indicaciones de gestión y el análisis de un caso práctico completo con sus soluciones. Disponer de la edición en español será, sin duda, una ayuda a los profesionales del ámbito penitenciario, hospitalario y forense que trabajan con este tipo de casos de gran trascedencia y complejidad. Su “antigüedad” no le resta utilidad para la práctica profesional. Los usuarios del SVR-20 podrán complementar de manera optima su practica profesional de la gestión de los agresores y abusadores sexuales.



      Dado que  la eficacia del uso de estos instrumentos depende del entrenamiento práctico con ellos, desde el GEAV y gracias al IL3 vamos a reeditar un seminario monográfico de dos días de preparación profesional en el uso de estas guías. Los interesados en este futuro seminario (probablemente en Mayo y en Barcelona) pueden utilizar el siguiente correo electrónico para reservar una plaza o pedir mas información en: geav@ub.edu

domingo, 13 de diciembre de 2015

Los tests psicológicos, los tumores cerebrales y el “ángel exterminador”

He leído un artículo autobiográfico, de 2002 de Jesusa Pertejo (1920-2007) una de las pioneras españolas de la Psicología aplicada y que me ha impactado por el detalle que más adelante describiré. 
Obituario del Dr. M.Siguán en Anuario de Psicologia (2007)
La Dra. Jesusa Pertejo, de formación médico-psiquiatra y de elección psicóloga clínica (formación que recibió inicialmente en Cataluña por influencia del Dr. Folch y Camarasa y del Dr. Sarró, entre otros), fue experta en técnicas proyectivas  (Roschach, TAT…). También trabajo en la primera adaptación española de las escalas Weschler, si bien su principal actividad profesional fue la atención a los deficientes mentales. Combinó estas actividades con la investigación, bajo las órdenes de José Germain en el CSIC, durante los años ’50 y ’60 del pasado siglo. Poco a poco su carrera profesional se fue vinculando más a la práctica profesional en psicoterapia, sobre todo después de un infructuoso proyecto de dedicación universitaria a mediados de los años ‘70.

La anécdota, mejor anécdotas, que me ha llevado a escribir este post están en los siguientes comentarios (que copio directamente del articulo original)

Recuerde el lector que hablamos de los años 1947-49 y hágase una idea de la realidad de aquel entonces en la atención "sanitaria" a los enfermos mentales (mezcla de pacientes con trastornos neurológicos, discapacidades y otros estados patológicos análogos).

Dice La Dra. Pertejo:


Fíjense el "orgullo" por utilizar ciertas técnicas psicológicas que, de buen seguro, se recibieron con gran esperanza en cuanto a su utilidad técnica en aquellos años.

Pero sigan leyendo.


y sigue ......


Realmente la Psicología, como todas las disciplinas que ofrecen ayuda a los pacientes de cualquier enfermedad, tiene una enorme responsabilidad en su actividad profesional. Esto que no es ninguna novedad aquí está presentado sin ambages, con una clara expresión de que papel juegan los clínicos ante sus pacientes.

Y, si las demandas sociales de atención a la enfermedad se dejan de lado, aparecen las que provienen del campo jurídico y legal (forense) que también son verdaderamente trascendentes. Vean este otro párrafo.


A modo de epílogo: En la profesión de psicólogo los conocimientos y las técnicas son las principales herramientas para dar un buen servicio. Los servicios psicológicos tanto en la "clínica", donde la salud y también la vida del paciente pueden estar en juego como en la "forense", que se ocupa de la libertad, los derechos y el bienestar de las personas, requieren de la mayor competencia de los profesionales que a ellas se dedican. Por ello y por los cambios y avances en la ciencia de la Psicología, el buen profesional debe estar siempre en formación permanente porque la gravedad y trascendencia de los problemas con los que nos enfrentamos así lo requieren.