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PSICOLOGIA DE LA VIOLENCIA Y DE LA DELINCUENCIA. CRIMINOLOGIA Y PSICOLOGIA FORENSE. PERSONALIDAD Y DESARROLLO. SOCIALIZACION Y EDUCACION.

sábado 17 de octubre de 2009

Exposición a la violencia de niños/as y adolescentes y prevención de la violencia.

Muchos ensayistas, psicólogos, sociólogos y otros profesionales de las ciencias relacionadas con la violencia han destacado la idea, probablemente muy plausible, de que los niños víctimas (directa o indirectamente) de cualquier tipo de violencia serán los agresores del futuro. La idea subyacente es fácil de comprender puesto que asocia las experiencias traumáticas precoces con la adquisición y utilización posterior de conductas violentas. Es decir los niños aprenden a hacer lo que han visto o han sufrido. Esta idea ha estado avalada científicamente por los trabajos bien conocidos de Albert Bandura un psicólogo californiano de la Universidad de Stanford que se hizo famoso por su famoso experimento de los niños que agredían a un muñeco hinchable después de haber visto hacer lo mismo a otras personas (Dodo doll aggresion experiment). Naturalmente los humanos aprendemos de lo que vemos y la agresión y la violencia no iban a ser una excepción. No obstante la claridad de esta propuesta conviene tratarla con precisión porque no se cumple en todas las situaciones e individuos dándose, también, la realidad contraria.

Con la creciente preocupación social por los problemas que produce de la violencia y especialmente aquellos relacionados con la violencia doméstica, de pareja, de género y escolar, así como la presencia masiva de sucesos violentos en los medios de comunicación y otros entornos comunitarios, se ha considerado la necesidad de disponer de políticas de prevención de la violencia que actúen para contrarrestar estos efectos. Pero cualquier programa de prevención necesita de un conocimiento realista previo del estado de la cuestión, en este caso la incidencia/prevalencia de la exposición de los niños y jóvenes a la violencia. Con este motivo un grupo de investigadores, encabezado por el experto David Finkelhor, de la Universidad de New Hampshire (USA) y financiado por la Oficina de Prevención de la Delincuencia y Justicia Juvenil de los USA, han realizado una encuesta de enorme interés.

La encuesta (realizada en 2008) se interesaba por conocer la incidencia de exposición a la violencia de los niños norteamericanos (desde 0 a 17 años) tanto en calidad de víctimas como de testigos. Se encuesto directamente a los niños/adolescentes entre 10 y 17 años y a sus padres/cuidadores cuando tenían menos de 10 años. Se muestreo de forma representativa a la población resultando un total de 4.549 participantes. Se analizaron distintos tipos de violencia (física, sexual, negligencia, maltrato continuado, etc…) en tres contextos: doméstico-familiar, escolar y comunitario. Los resultados, de los que aquí solo se indicaran de modo breve, muestran que en torno a un 60% de los niños/as y adolescentes han sido víctimas o espectadores de sucesos violentos en el último año antes de la encuesta. Más de 2/3 de los que habían sufrido violencia la habían recibido o visto más de una vez en ese mismo año. Casi la mitad de éstos habían recibido agresiones físicas y de ellos un 10% había sufrido lesiones que necesitaron tratamiento médico. Más de 1/4 habían sido testigos de agresiones violentas dirigidas a otras personas. Los detalles del estudio muestran datos de gran interés (por ejemplo las incidencias de distintos tipos de violencia, etc..) que los interesados podrán encontrar en el link que está incluido más abajo.

Estos datos son de enorme interés porque nos ofrecen evidencias acerca de la realidad de la exposición a la violencia de los niños y adolescentes hoy y también porque esta realidad está claramente relacionada con, al menos tres cosas: las consecuencias nefastas de la exposición a la violencia en la salud física y mental del niño/adolescente, los efectos negativos sobre el bienestar y adaptación social de los adultos que cuando niños fueron expuestos a la violencia y, por último, porque el futuro de la violencia de los adultos también depende de la realidad violenta que vivieron cuando niños.

Esta realidad norteamericana quizás sea distinta de la que tenemos aquí y que hoy por hoy desconocemos por falta de estudios epidemiológicos de este tipo. Sería necesario realizar algun estudio de esta naturaleza y podría ser el primer paso de un programa de prevención de la violencia que es imprescindible diseñar y aplicar en nuestro país.

domingo 4 de octubre de 2009

Descenso de la violencia en los países avanzados: fantasía, realidad o ilusión estadística.


Diversos informes provenientes de países occidentales industrializados y avanzados, como los EE.UU., Canadá y Holanda, entre otros, se hacen eco de un descenso relevante, desde mediados de los años 90, de la violencia y la delincuencia. Autores como Lalumiere (criminólogo canadiense), Laub, Lewitt , Zimring y Blumstein (criminólogos norteamericanos) destacan esta tendencia suficientemente contrastada para considerarla una realidad social. Estos descensos van desde el 45% (homicidios) hasta el 11% (robos y delitos contra la propiedad) e incluyen descensos “alícuotas” en tasas de victimización dese los años 1991 al menos hasta 2001. Las razones son diversas y a veces sorprendentes: incremento del número de delincuentes encarcelados, cambios en la distribución de la pirámide de edad en la población con un descenso de los jóvenes, incremento de las medidas de seguridad policiales y cambios en las políticas sobre el aborto de los años ’70, entre otras. Quizás una de las hipótesis más interesantes entre las que se han propuesto para explicar este fenómeno es de naturaleza psicológica y tiene que ver con la relación entre los comportamientos violentos y los de riesgo (conducción peligrosa, prácticas sexuales inseguras, abandono escolar precoz, consumo de drogas, etc…). Según parece estas conductas de riesgo también han descendido. Estas conductas covarían con las conductas violentas y delictivas puesto que comparten muchos factores de riesgo de naturaleza psicológica comunes (impulsividad, bajo auto-control, querencia por el riesgo, temeridad, etc…). Numerosos e importantes criminólogos y psicólogos han enfatizado esta estrecha relación entre los comportamientos de riesgo y el delito que permite contrastar la hipótesis del descenso de la violencia y (contingentemente) de las conductas de riesgo.

Un estudio, recientemente publicado por Mishra y Lalumière (2009)* , ha realizado una comparación exhaustiva entre ambos fenómenos, violencia-delincuencia y comportamientos de riesgo, en Canadá y los USA a partir de distintos informes “epidemiológicos” . El resultado es que el abandono escolar precoz, el comportamiento sexual imprudente y los accidentes de tráfico han disminuido una media del 20% (aprox.), pero no el consumo de drogas, que ha aumentado un ligero 2% de media, desde 1991 hasta 2001. Para este período también ha disminuido la delincuencia de forma relevante (la violenta en un 25% y la no-violenta en un 35%). Los autores indican que ante esta realidad deberemos buscar la explicación en el descenso de la prevalencia de los rasgos psicológicos individuales que antes hemos mencionado. Lo proponen pero dejan la respuesta a esta hipótesis abierta y sin resolver aunque sugieren que variables moduladoras como los cambios demográficos, económicos o educativos sean los responsables de tal descenso. Probablemente se noten estos efectos en la personalidad de los jóvenes y, consecuentemente, en el descenso de los comportamientos de riesgo y la delincuencia.

Estos datos son procedentes de culturas no tan diferentes de la nuestra excepto en la secuencia temporal de los sucesos sociales. ¿Está por venir un descenso de estos problemas en España? Habría que contrastar esta realidad en España con nuestros datos criminológicos, socio-sanitarios y comunitarios y ver si se replica esta relación entre comportamientos de riesgo (consumo de drogas, práctica de sexo inseguro, conducción temeraria, etc…) y delincuencia, especialmente entre las cohortes de jóvenes entre 15 y 25 años. Una tarea pendiente para los criminólogos que convendría realizar para planificar las intervenciones preventivas en un futuro inmediato.

(*) Mishra,S. y Lalumière,M. (2009). Is the crime drop of the 1990s in Canada and the USA…Social Science and Medicine. 68:39-48

martes 8 de septiembre de 2009

Intolerancia con el delito, atención al delincuente



¿Quién dice que lo racional no emociona?. Estos dos elementos se llevan presentando como antitéticos desde que Goleman publicase su libro "Inteligencia Emocional" (1995) y Damascio su "El error de Descartes" (1999). Ambos éxitos han confundido a muchos académicos, profesionales y desde luego a la opinión pública acerca de la dicotomía "racional-emocional" defendiendo la primacía de las emociones. Las "cosas" sociales y humanas se deben analizar racionalmente aunque muchas de ellas nos impacten emocionalmente, porque sino el conocimiento que se genera sobre ellas es inadecuado y las decisiones que se toman para aplicarlas erróneas. Esto es lo que pasa cuando analizamos la violencia, la delincuencia y la criminalidad.

Nadie queda "frio" antes sucesos como los asesinatos de pareja, los graves incidentes de violencia juvenil en contextos de ocio nocturno, los malostratos familiares o los atentados terroristas. Aún un simple tirón a un turista despistado nos desagrada e irrita.
La delincuencia, a pesar de que acompaña a la sociedad humana desde sus orígenes, sigue siendo un problema persistente. ¿Que hacer para reducir la criminalidad?. Parece ser que hoy solo nos queda un camino: mayor control, seguridad y aumento de las penas y los castigos. Sin embargo la Criminologia científica nos dice que no es un buen camino y, además, muchos nos sentimos mál observando esta deriva punitiva moderna.
Acaba de salir al mercado editorial un libro sobre como la sociedad actual trata la delincuencia y la conducta antisocial, desde los hechos más violentos y graves como los asesinatos de pareja o las agresiones sexuales hasta las infracciones más leves, como fumar en un lugar público. Este libro lo ha escrito Santiago Redondo y se titula "In-tolerancia Cero" y se subtitula "Un mundo con menos normas, controles y sanciones también sería posible (y quizás nos gustaría más)" (Barcelona, 2009. Sello editorial). Este libro analiza la tendencia actual a agravar las penas y el control sobre los delincuentes. Se ocupa de recordar las dos soluciones más frecuentes de este problema: la socialización y el castigo. Compara ambas propuestas y su dificil convicencia en la historia. Analiza diferentes problemas antisociales, todos ellos de gran eco publico: la violencia adolescente, el terrorismo, la violéncia de género, el auge de las normativas, prohibiciones y controles de seguridad, la venganza, la carcel y la rehabilitación. A partir de la realidad penal española evidencia la contradicción entre el descenso-estabilidad de la delincuencia y el incremento de las medidas penales y de seguridad. Entre racional y añorante de unas actitudes sociales que se han desvanecido, Redondo recuerda que es mejor la prevención y la socialización (en una palabra la ayuda social) que el castigo. Dice el autor que esta solución última (desgraciadamente muy en auge) es: anti-económica, poco humanitaria, retrógrada y, además, está en contra de las evidencias de la Criminologia moderna.

El libro de Santiaqgo Redondo es agudo, analítico, culto, divertido y atrevido. Analiza con "pasión" la realidad social y política actual del control social desde el más riguroso racionalismo. Lo hace de forma analítica y atendiendo al conocimiento científico de la Criminologia de los últimos 20 años. Es un libro racional pero tambien emociona.