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jueves, 21 de agosto de 2014

Delincuentes sexuales reincidentes y la rehabilitación.

El problema de cómo rehabilitar a los delincuentes crónicos y de alto riesgo de reincidencia -  agresores sexuales, pederastas reincidentes y otros tipos de delincuentes violentos crónicos - no se debe tratar desde las creencias y el desconocimiento, porque de ese modo solamente se acrecientan las actitudes punitivistas y vengativas que últimamente predominan a nivel social y que son contrarias al pensamiento occidental avanzado en relación a la rehabilitación de los delincuentes. Las recientes declaraciones de J. Urra sobre la forma de actuar frente estos delincuentes son un error y no solo deontológico, sino técnico. Además este error, cuando viene de un psicólogo popular y mediático, con gran presencia social y comprometido con muchas causas altruistas, tiene mucha repercusión. Incluso puede afectar a las actitudes acerca del servicio público que se ofrece para la rehabilitación de los delincuentes en las sociedades del bienestar. 


Hoy, en La Vanguardia de Barcelona J. Urra aclara sus afirmaciones sobre "confrontar al delincuente crónico e irrecuperable con el suicidio" 

(http://www.lavanguardia.com/deportes/20140818/54413147929/urra-sugiere-el-suicidio-como-salida-etica-para-pederastas-irrecuperables.html). En mi opinión el error que comete Urra viene de sumar tres ingredientes inadecuados para la conclusión a la que implícitamente se llega y que es de que no hay nada que hacer con "...aquellos violadores en serie, pederastas multirreincidentes, psicópatas que no muestran arrepentimiento, ni culpabilidad, que no sufren con las víctimas a las que tanto daño han causado..."(sic J. Urra). Javier Urra ha sumado tres componentes que están en la base de su error: los tres componentes son: "desconocimiento científico" + "pesimismo práctico"  + "punitivismo vulgar".  Veamos los componentes con más detalle:


a) Desconocimiento científico. La creencia extendida de que "nada funciona" para la rehabilitación de los delincuentes (especialmente los violentos y crónicos) es falsa. Hay numerosas evidencias que han demostrado que los tratamientos rehabilitadores, aplicados a los delincuentes, tienen un efecto positivo que mejora su conducta y reduce el riesgo de reincidencia de forma significativa. Este efecto es comparable a muchos tratamientos médico-sanitarios y otros tipos de intervenciones psico-sociales actuales para problemas análogos. Podríamos mencionar muchas referencias bibliográficas para sustentar la anterior afirmación. Baste aquí con indicar - para quien quiera ampliar estos conocimientos - el libro de Santiago Redondo titulado "Intolerancia Cero"  (Ed. Sello Editorial, 2009) donde se explican estos avances de forma ágil y bien contextualizados.


Reducción del % de reincidencia delictiva por efecto de los
tratamientos en prisión  y según el tipo de delincuente (Redondo, 2008)


b) Pesimismo practico. Muchos profesionales que llevan años trabajando con este tipo de poblaciones penitenciarias, análogamente a los que lo hacen con enfermos crónicos o poblaciones en riesgo de exclusión social muy resistentes, suelen mostrar actitudes pesimistas hacia el futuro y no les falta motivo para ese pesimismo. Esta actitud está basada en su realidad diaria que, de forma comprensible, avalan la idea - convergente con la anterior - de que "no hay solución" y optan por aparentes soluciones simplistas y tajantes.  A veces estas actitudes no son más que el reflejo de una cierta desesperanza por los escasos resultados de su actividad entregada y sufrida. Pero a este "cansancio" se le suma, en el caso de los delincuentes que provocan dolor y victimizan a personas vulnerables e inocentes, un cierto deseo eugenésico de acabar con el riesgo de nuevas agresiones. Pero la realidad "completa", no solo su experiencia personal, permite un cierto optimismo. Hay muchos delincuentes que no reinciden despues de cumplir su condena, incluso también entre los más aparentemente violentos y crueles. Pero claro que hay que son muy resistentes al cambio y que pueden volver a atacar y dañar a nuevas víctimas. A ellos hay que atenderlos en función del riesgo que representan realmente y adoptar las medidas necesarias y realmente comprometidas con la seguridad de las posibles víctimas así como con sus características personales y sociales. Estas medidas pueden incluir el internamiento y la incapacitación permanente, si el caso lo requiere.





c) Punitivismo vulgar. Es fácil resumir este argumento si recordamos una frase, ciertamente desgraciada, pero habitual y que se pronuncia cuando después de un asesinato de una mujer por su pareja, el asesino se suicida. Se suele oír  "pues podía haberse suicidado antes". La violencia no se combate con más violencia. La pena de muerte - al final la única forma de evitar la probabilidad que una persona reincida - es algo del pasado y no es solución de nada. Lo mismo pasa con la cadena perpetua y otras medidas similares. Esta claro que hay que evitar la reincidencia, pero no es eficaz aplicar solamente el castigo para ello, hay otras técnicas preventivas y hay que aplicarlas porque son más eficaces. Los problemas sociales, como la violencia, no se solucionan con el endurecimiento de las penas y los castigos, hay otras soluciones que se pueden aplicar. Por ejemplo, en el caso de los delincuentes sexuales de alto riesgo se ha empezado a probar una nueva técnica la de los "Círculos de Apoyo y Responsabilidad" en un proyecto piloto en Catalunya que es complemento a los programas vigentes establecidos en las prisiones para este tipo de delincuentes.




                         ( http://www.boletincriminologico.uma.es/boletines/151.pdf ) 


Así pues y a modo de conclusión me gustaría indicar que el error de mi colega, le debe mucho a combinar estos ingredientes de forma absoluta: no hay nada que hacer, el futuro es desesperanzador y por tanto solo queda una "ultima solución". Esto me parece que se destila de las palabras de J. Urra y que después ha matizado. Su error son una combinación de estos ingredientes. Entre su conclusión de "cuestionarles para que viven" (manera un tanto eufemística de referirse al suicidio) y el convencimiento de que la pena de muerte es una solución para estos delincuentes solo hay un paso. Quizás sea, esto que digo, un argumento final de enorme dureza, pero las actitudes sociales de este calibre se cristalizan muy rápidamente y después es difícil eliminarlas.  


 De hecho solamente asumiendo que los tres ingredientes mencionados no son absolutos se puede llegar a una conclusión diferente. Si modulamos un poco: algo eficaz podemos hacer porque está demostrado, el futuro mejorara si hacemos lo adecuado para que mejore y, por ultimo, además de castigar hay otras cosas mas inteligentes que hacer para gestionar el riesgo de la reincidencia incluso de los delincuentes de mayor riesgo de violencia.

jueves, 5 de junio de 2014

VIOLENCIA POLITICA, PROTESTAS SOCIALES Y JOVENES.

           
    En unos días hemos visto, como espectadores afectados, sucesos preocupantes a raíz del conflicto de Can Vies en Barcelona. Un lunes se produce una actuación policial brusca e intensa para desalojar un edificio ocupado desde hace 17 años en el barrio de Sants de Barcelona. El mismo día se inicia una serie de intensas protestas vecinales y juveniles – que aún no parecen resueltas a pesar de la tregua aparente -  casi todas ellas violentas y algunas muy violentas, en respuesta al desalojo y que son causa de una importante  respuesta policial. Como consecuencia se produce también un gran debate político y social, especialmente en los medios de comunicación, sobre temas que alcanzan la legitimidad de la acción social y política de las autoridades públicas, los funcionarios y los ciudadanos. 

              Los hechos que se están sucediendo de forma hilvanada, los más graves, son preocupantes porque son actos declarados de violencia política. Estas protestas son complicadas de analizar y entender. No son iguales a las que sucedieron recientemente en Grecia, por ejemplo, que son nítidamente debidos a la crisis económica y que tenían una participación social muy diversa y masiva.

             Los incidentes violentos que hemos visto esta semana pasada, especialmente en el barrio de Sants, se parecen mucho a otros que ya han sucedido en Barcelona y que acontecen con una cierta periodicidad. Casi se enlazan históricamente con las acciones violentas de la época de la transición, la mayoría de ellas protagonizadas por jóvenes. Pero no deja de ser paradójico cómo han evolucionado las protestas a raíz del desalojo de Can Vies. Un día vemos como un grupo de jóvenes queman la máquina excavadora que estaba en el solar objeto de litigio y otro día la adornan con flores y, también, la coronan con un cartel de precios de bebidas. Pero lo que de verdad preocupa es la violencia que acompaña a estas protestas.



                 ¿Porque hay violencia política cuando hay manifestaciones y protestas? Por varias razones y todas ellas contribuyen de forma combinada y circunstancial, pero con el mismo resultado, a generar las acciones violentas e ilegales: ataques a bancos u otros negocios, quema de contenedores, agresiones a las fuerzas policiales o a quien se enfrente con ellos, etc.. De forma breve podemos decir que la primera razón por la que hay violencia política es porque hay activistas políticos que tienen en su ideario la necesidad de actuar violentamente,  contra los símbolos del poder y aquellos otros elementos que están en su punto de mira. Estos idearios plantean el uso de la violencia para conseguir el cambio político que persiguen. Entre estos idearios están, principalmente, los planteamientos fascistas, nacionalsocialistas, anarquistas y comunistas. Y estas ideologías, con más o menos seguidores, siguen  presentes  – parece que ahora tienen más seguidores que hace una década – y emergen de forma reiterada. Recordemos el ataque a la delegación del gobierno de Cataluña en  Madrid o los actos violentos en el contexto de la protesta de Burgos, en el barrio de Gamonal, de hace unos meses o la “kaleborroka”. Estas ideologías no han cambiado mucho en sus postulados y propuestas de acción política prácticamente desde su origen.


              La segunda razón tiene que ver con la realidad de las protestas y las manifestaciones públicas más o menos mayoritarias o masivas. Estas protestas son un marco doblemente atractivo para los violentos. Primero porque creen que son las evidencias que anunciaban sus pronósticos políticos a los que ellos han de aportar su acción revolucionaria y que, además, han de liderar. Y porque les permiten actuar anónimamente y evitar la acción de la justicia. La actuación, muchas veces planificada y coordinada, se produce escondida entre los manifestantes. También creen que sus acciones van a ayudar a mantener y catalizar las protestas que ya están en marcha ,y porque al agravar los efectos de las protestas facilitan que estas sean más eficaces. Asimismo y como sus acciones provocan actuaciones de la policía que dejan nuevas “víctimas de las protestas”, los detenidos se retroalimentan sus creencias políticas y justifican la continuidad y agravación de sus actuaciones.

               Existen muchas otras razones más que explican los sucesos violentos y que aportan su pequeño efecto a las protestas y las acciones violentas: el atractivo y la oportunidad que tiene esta situación de conflicto para jóvenes y otros ciudadanos antisociales – a veces venidos de otros países -  sin adscripción política, el malestar social debido a la crisis económica y social presente y/o los errores de los gestores públicos en resolver algún aspecto de problemas como el propio desalojo de Can Vies. Las situaciones tan complejas siempre tienen causas y realidades complejas, que no son susceptibles de simples análisis unidimensionales.  

                  Este movimiento de protesta pacífica y de también de protesta violenta lo llevan a cabo, mayoritariamente, jóvenes muchos de los cuales eran niños y niñas cuando se inició la ocupación de Can Vies. Entre ellos la mayoría actúan con disgusto y enfado, con ira, cólera e indignación derivada de la frustración que representa el  desalojo de lo que ya es como “su” propiedad, y lo que esto representa como fin de sus proyectos ya diseñados. Para otros las razones tienen que ver con su convicción política y, al final, para muchos otros las razones son una combinación de ambas. Los que protestan tienen razones, sus razones. Algunas son compartidas por muchas otras personas, aunque no están directa ni indirectamente relacionados con el caso concreto de Can Vies. Por ejemplo los motivos relacionados con la parte negativa de la situación social y que se añade a la base de la protesta: paro juvenil, difícil acceso a la vivienda, corrupción política, falta de perspectivas personales, problemas económicos, etc.. Estos motivos son compartidos por muchos ciudadanos si bien la mayoría de éstos no participa en las protestas violentas. Hay otros motivos de carácter positivo que también son relevantes: la acción cultural y vecinal que llevaban a cabo, la creatividad de sus propuestas, las experiencias alternativas, etc.. La defensa de estas realidades también forma parte de la base de las protestas.



                Pero lo que de verdad preocupa, hace cambiar la actuación de las autoridades  y la opinión de los ciudadanos es la acción violenta ¿por qué aparece reiteradamente esta violencia? En nuestra opinión las razones no son, de forma destacada, la crisis social o política, éste es el escenario actual donde suceden los hechos violentos y éstos actos también aparecían en momentos de mejor situación económica. En nuestra opinión la razón es la propia acción intencionada de los jóvenes violentos que las programan y llevan a cabo. Algunos sociólogos y sociólogas han querido ver en estos hechos un nuevo Mayo del 1968 o la cruda expresión de la situación de crisis socio-económica tan grave que sufren los ciudadanos españoles y catalanes. También, en cierto modo y en congruencia con la anterior referencia histórica, distinguidos psicoanalistas han diagnosticado la existencia de ciertas fuerzas inconscientes y rasgos psicopatológicos en los jóvenes actores de la violencia como sustento de estas acciones violentas, en consonancia con obsoletas teorías de la psicología de los jóvenes. La parsimonia de los analistas y los conocimientos actuales disponibles deben guiar la interpretación de los hechos de violencia política que están sucediendo y no la especulación psico-social basada en planteamientos obsoletos.

            La violencia política que estamos contemplando está motivada por muchas razones, y si exageramos un poco, podríamos decir que cada actor que la ejecuta tiene las suyas, pero las más generalizadas son las creencias ideológicas de credos políticos revolucionarios y radicales bien conocidos, propios del siglo pasado y que, casi siempre, se combinan con una notable inmadurez psicosocial de los jóvenes violentos. Muchos creen que por medio de esta violencia se alcanzan mejoras  y que es el único camino a seguir para el desarrollo de una sociedad justa y equitativa. Desgraciadamente la historia moderna ha demostrado que casi siempre la violencia política no consigue mejorar aquello que se propone y produce un sufrimiento en víctimas y agresores que es mejor evitar.


domingo, 9 de marzo de 2014

¿Se puede hacer más para combatir la violencia de género?.


Hoy en La Vanguardia de Barcelona se publica una noticia de violencia de género que, por si sola ya es terrible, pero más impactante es que se conozca el mismo día 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer en el que se hacen tantas referencias públicas sobre la situación de las mujeres en nuestra sociedad. En la noticia se describe el “secuestro de una mujer de 21 años por parte de su pareja sentimental, de 27 años y con la que mantenía relaciones desde hace unos meses”. Este secuestro ha durado varios días. En esa noticia se informa de la denuncia de que la mujer sufrió graves malos tratos físicos, sexuales e incluso torturas en los días que duró su retención. Todo esto ha sucedido en una población cercana a Barcelona. Además en el domicilio del agresor estaban sus padres que también han sido denunciados por colaborar en este suceso y que también están imputados.




A la vez que esta noticia aparece en la prensa española, diversos medios de comunicación internacionales se hacen eco de una nueva regulación de seguridad para combatir la violencia contra las mujeres y que se ha puesto en marcha en Inglaterra y Gales. Se trata de una nueva normativa que permite a las mujeres interesarse ante la policía por el historial de antecedentes de violencia domestica y de otro tipo de sus parejas. El Ministerio de Interior ha publicado la puesta en marcha de este programa precisamente el día 8 de Marzo. Se trata de un programa, que se inició en fase de pruebas en 2012, para proteger a las posibles víctimas de violencia de género y domestica. El programa pretende mejorar las condiciones de seguridad y protección (especialmente de auto-protección) de las mujeres en situación de riesgo de ser maltratadas y agredidas. Se le conoce con el nombre de la “Ley Clare”  en memoria de Clare Wood, una mujer de 36 años asesinada por su exnovio en 2009. Este asesinato refleja, además de la realidad mas grave de la violencia contra la mujer en la pareja, otra, la dificultad por parte de la policía de actuar con eficacia en situaciones como la que sufrió esta víctima. Según la información divulgada Clare Wood fue estrangulada y quemada por su expareja en su casa de Salford, Manchester, en febrero de 2009.  El agresor, George Appleton – que fue encontrado muerto por suicidio días después del asesinato -, tenía un relevante historial de violencia contra otras mujeres, con periodos en prisión, que Clare Wood desconocía. En los meses antes de su muerte la joven contactó varias veces con la policía acusándole de agresión, amenazas e intento de violación. Una investigación de la respuesta policial concluyó posteriormente que la víctima no había recibido el apoyo y la atención necesarios, lo que motivó la revisión de la legislación y, tras una campaña de su padre, la introducción de la "ley de Clare".

Según la información de la prensa española acerca del secuestro que daba origen a este comentario, en cuanto la policía detuvo a presunto agresor de la mujer secuestrada, el juez inmediatamente ordeno el ingreso en prisión del detenido. En la noticia de La Vanguardia se añade “ el arrestado tenía tres ordenes de detención pendientes y una de ingreso en prisión. Pero la policía de la Generalitat todavía no lo había encontrado. Nunca estaba en casa. Además el individuo tenia cuatro antecedentes por violencia de género con tres parejas anteriores. El juez había ordenado ordenes de alejamiento de todas las víctimas anteriores”.


El problema de la violencia contra las mujeres es grave pero bien conocido y analizado. Los estudios sobre esta realidad, como el que acaba de publicar la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (http://fra.europa.eu/en/project/2012/fra-survey-gender-based-violence-against-women) nos dicen qué está pasando con esta la violencia contra la mujer en Europa. En España y, en Cataluña, disponemos de leyes que amparan una actuación eficaz para reducir esta forma de delincuencia. Per no es suficiente. Ahora nos toca mejorar la actuación profesional de todos los actores implicados en esta lucha y, como es el caso de la Ley Clare, introducir nuevas medidas que hagan más eficientes los recursos implicados en esta actuación social para eliminar la violencia contra la mujer.