Innato: la serie de Netflix sobre la herencia de la psicopatía o cuando se confunde el True Crime con la Psicología Criminal.
Innato: la serie sobre la determinación genética de la maldad.
La serie Innato es una oportunidad perdida de aprovechar la ficción, que tiene un claro interés por entretener, para hacer una cierta divulgación científica apropiada. La ficción tiene licencia para explicar que la Tierra es plana, pero eso tiene efectos nocivos en los “tierraplanistas”. Innato reseña la idea de que la maldad se transmite de padres a hijos por medio del ADN del mismo modo que, la serie Adolescencia introdujo el debate de cómo la incomunicación entre padres e hijos y el impacto devastador de las redes sociales en mentes adolescentes vulnerables pueden influir en la conducta violenta. Los artistas pueden hacer sus productos con total libertad pero, quizás, se necesitan más narrativas que eduquen sobre la importancia de la socialización temprana, que no historias que alimenten el miedo a una "genética maldita" que no existe.
La serie, desgraciadamente para los tiempos que corren, perpetúa dos mitos: que los genes de la maldad existen y se heredan (genética maldita) y que la “psicopatía” equivale a la categoría delictiva de “asesino en serie”. De hecho, la serie no solo malinterpreta la genética, sino que ni siquiera traslada una idea rigurosa de qué es la psicopatía. La serie perpetúa el estereotipo hollywoodense de que “psicópata => Hannibal Lecter => asesino en serie calculador”. Pero la realidad científica es muy diferente, y mucho menos cinematográfica.
Sara: la psicóloga que sabía poca Psicologia
Sara González, una de los protagonistas de la serie, es psicóloga. Su tarea es la terapia psicológica privada, pero tiene formación en Criminología. De hecho, había estudiado a fondo y durante años la conducta criminal, especialmente la psicopatía (así aparece en la serie). Pero en tanto que psicóloga debía conocer, también, las teorías sobre desarrollo infantil y manejar apropiadamente los fenómenos de la crianza y la socialización. Y, sin embargo, parece tan aterrorizada por su herencia genética que utiliza un óvulo de donante para no transmitir los genes de su padre asesino a su hijo. Esta es una de las dos mentiras más importantes de esta serie, porque su marido – el que será el padre del supuesto hijo biológico de Sara – no tiene ni idea de este engaño. Solo lo descubrirá cuando también sepa, porque lo desconocía, que el padre de Sara – el “asesino del gasoil” - era un asesino en serie y también, así se presenta en Innato, al “psicópata”. Este era el segundo engaño. Ya hemos descrito las premisas centrales de Innato, la serie española de Netflix que ha captado la atención del público con una pregunta tan antigua como errónea: ¿se puede heredar la maldad?
Una psicóloga, la protagonista de la serie, que recurre a un óvulo de donante por miedo a que sus genes transmitan una conducta de su padre a su propio hijo, está negando todo lo que la Psicología de hoy conocer acerca del desarrollo humano. La ironía es devastadora. Una profesional de la salud mental, entrenada precisamente para entender la complejidad del comportamiento humano, actúa como si nunca hubiera leído un solo estudio sobre genética del comportamiento. Y en esa contradicción reside el principal déficit de la serie: perpetúa unas ideas sobre el determinismo genético que la ciencia superó hace décadas. Ningún científico puede sostener la idea de que hay unos genes que pasan de padres a hijos llevando la “semilla de la maldad”. La conducta no se hereda, ni los rasgos de personalidad, ni las alteraciones mentales. Pero esto no significa que la herencia no tenga influencia en esos fenómenos, de hecho la relación entre la genética y la conducta es compleja e indirecta, mediada siempre por los efectos del ambiente y la crianza a lo largo del desarrollo del individuo.
La decisión de Sara de recurrir a un óvulo de donante para concebir a Sebas no es un detalle menor. Es la materialización más dramática del terror al determinismo genético. Imaginen el siguiente razonamiento: "Mi padre es un asesino en serie, por tanto, yo llevo genes asesinos, por tanto, mi hijo podría heredar esos genes asesinos y por tanto si quiero evitar que mi hijo sea como su abuelo, debo usar los óvulos de otra mujer". Esta lógica es científicamente insostenible. Los estudios con gemelos monocigóticos (idénticos) y dicigóticos (fraternos) demuestran que aproximadamente el 60% de las diferencias en agresividad física pueden atribuirse a factores genéticos. Pero ese 60% no es un destino inevitable. Es una predisposición que interactúa constantemente con el entorno. El clásico estudio de S. Mednick con más de 14,000 niños adoptados lo demostró: cuando ambos padres (biológico y adoptivo) habían sido condenados por comportamientos delictivos, solo el 25% de los adoptados fueron condenados. Es decir, el 75% no lo fueron, a pesar de tener tanto "genética criminal" como "crianza criminal" (Colom y Andres-Pueyo, 2024).
Félix Garay: asesino en serie y psicópata.
Pero antes de seguir y ocuparnos del hijo de la psicóloga, Sebastián, hablemos sobre la imagen de la psicopatía que se describe en la serie Innato. Una imagen llena de mitos, errores y mal entendidos, basados en la divulgación de la psicopatía que, entre otros géneros, promueve el True Crime.
Félix Garay, otro de los protagonistas de la serie, es el padre de Sara en Innato, a quién se presenta siempre como "el psicópata" y se identifica como "el asesino del gasoil", por haber cometido tres asesinatos por medio del uso del fuego como arma mortífera. Félix había sido bombero y, mientras lo era cometió tres asesinatos muy crueles ,que son el motivo por el cual cumplirá una larga condena de prisión. Antes de entrar en prisión, aparece como un padre que vive solo y cuida de su hija preadolescente, Sara, que vivirá muy traumáticamente el descubrimiento de que su padre era un asesino. Sara fue adoptada por una pariente y se cambió la identidad para romper con la memoria de su padre.
En Innato “psicópata” y “asesino en serie” se presentan como etiquetas intercambiables. Pero la psicopatía no se define solo por la naturaleza de los delitos que realiza el psicópata, sino que se debe de definir, sobre todo, de acuerdo con sus predisposiciones y características de personalidad. Quizás las tres características que según la psicología criminal identifican mejor al psicópata son:
1. Amoralidad: Ausencia de principios éticos internalizados, no solo hacia ciertas víctimas sino de forma generalizada y crónica, y de aparición muy precoz.
2. Trayectoria delictiva múltiple: los psicópatas no se especializan en un tipo de crimen determinado. Robos, fraudes, agresiones, estafas... su historial es diverso. No es descartable la comisión de crímenes graves y muy violentos.
3. Apariencia de enfermedad mental grave: Aunque funcionan superficialmente bien, hay señales de desorganización profunda en sus vidas, especialmente cuando analizamos sus afectos y su funcionamiento mental.
¿Qué hace Félix en la serie? Comete una serie de asesinatos específicos. ¿Es una persona profunda y crónicamente amoral? No lo parece. ¿Muestra una trayectoria delictiva diversa? No lo sabemos. ¿Se presenta como alguien con enfermedad mental grave? Tampoco. Se le presenta más como un asesino en serie organizado, según lo define el perfil del FBI, que es una categoría completamente diferente de lo que se entiende como un psicópata en un sentido diagnóstico o clínico.
Recordemos: Sara, la psicóloga es hija de Félix y a su vez la madre de Sebastián.
Sebas: la víctima del secreto, no de los genes
Aquí está el verdadero nudo gordiano de Innato: Sebas, el adolescente. La serie juega constantemente con la ambigüedad sobre si su fascinación por el abuelo asesino es expresión de una predisposición genética heredada o una respuesta psicológica al trauma de descubrir que su identidad está construida sobre una mentira.
Pero la Psicología aquí es clara: no es la genética de Sebas lo que le está destruyendo (además en el devenir de la serie sabremos que no es nieto biológico de Félix), o convirtiéndole en un nuevo “Félix”, sino el secreto familiar que ha descubierto (de hecho Sebas descubrió que Félix era su abuelo antes de que su madre, Sara, se lo diga). La investigación sobre socialización demuestra que los factores protectores más importantes para un adolescente incluyen: familias unidas donde no hay ni secretos ni graves problemas de relación, padres que supervisan activamente de acuerdo a la realidad de sus hijos, y un ambiente donde el adolescente puede desarrollar su identidad sin, entre otras cosas, cargar con vergüenzas ajenas.
Sara, en su afán de "proteger" a Sebas de su herencia genética, creó precisamente las condiciones de crianza y socialización más destructivas: una familia basada en la mentira, un adolescente con una identidad falsa y un secreto que explota en el peor momento posible, durante la adolescencia, cuando los jóvenes están construyendo su sentido del yo y su identidad personal. El secreto familiar es más destructivo que cualquier supuesta "genética maldita".
El contraste con "Adolescencia": cuando se entiende el problema real
Es muy revelador comparar Innato con otra serie reciente de Netflix: Adolescencia. En esta producción británica, un chico de 13 años es acusado de asesinar a una compañera de clase. Una conducta extremadamente grave y violenta. Pero en esta serie no hay "genética maldita". Lo que hay es, entre otras cosas, un proceso de radicalización online por exposición a la "manosfera", la influencia negativa de otros adolescentes, la incomunicación entre padres e hijos y el impacto devastador de las redes sociales en mentes adolescentes vulnerables.
Adolescencia entiende lo que Innato ignora: el problema está en el ambiente, no en los genes. Los padres de Jamie Miller (el protagonista de Adolescencia) se preguntan continuamente: "¿Lo amamos suficiente? ¿Lo amamos mal? ¿Fuimos demasiado estrictos o no lo suficiente?" Estas son las preguntas correctas. Son preguntas sobre socialización, crianza, supervisión, comunicación. No sobre cromosomas. La presencia de una psicóloga en ambas series es significativa. En Adolescencia, la terapeuta trabaja para entender qué le sucedió al chico, qué influencias le afectaron, qué falló en su entorno. En Innato, Sara —ella misma psicóloga— está tan obsesionada con la "genética maldita" que crea precisamente el ambiente destructivo que teme.
La lección perdida: introduciendo la pseudociencia criminológica.
Lo que hace que Innato sea particularmente frustrante, desde una perspectiva científica, es que tenía todos los elementos para contar una historia diferente. Sara podría haber sido un personaje que, como psicóloga, entiende que la genética no es el destino. Podría haber sido transparente con Sebas desde el principio, ayudándole a entender que tener un abuelo criminal no va a definir quién será él. Podría haber implementado las estrategias de crianza que la ciencia recomienda: supervisión consistente, castigo proporcionado de conductas antisociales, pero también recompensa de conductas prosociales, comunicación abierta, modelado de valores, etc... En cambio, la serie eligió el drama fácil del terror genético. Y en el proceso, perpetúa un mito peligroso: que algunas personas llevan "maldad" en su ADN, que los hijos de criminales están condenados a repetir los patrones, que la biología es destino.
Innato falla en dos niveles fundamentales:
Primero, perpetúa una visión del determinismo genético que la ciencia superó hace décadas. Presenta la herencia como destino inevitable, ignorando que la naturaleza se expresa a través de la interacción genes y crianza. Incluso los temperamentos más difíciles pueden canalizarse constructivamente con estrategias adecuadas de socialización.
Segundo, confunde psicopatía con asesinato en serie. Esta asociación no solo es científicamente errónea, sino peligrosamente simplificadora. La psicopatía, que es un trastorno de personalidad, se caracteriza por una amoralidad generalizada, una trayectoria delictiva múltiple y la apariencia de enfermedad mental grave y, también, por no cometer asesinatos espectaculares. Los asesinos en serie responden a dinámicas psicológicas mucho más complejas que un único diagnóstico de psicopatía, aunque no se excluye como un elemento más de los procesos psicopatológicos de los asesinos seriales.
Lo más frustrante es que la serie tenía todos los elementos para contar una historia diferente. Sara, como psicóloga, podría haber entendido que la genética no es el destino. Podría haber sido transparente con Sebas desde el principio. Podría haber implementado estrategias de crianza basadas en evidencia: supervisión consistente, castigo de conductas antisociales pero también recompensa de conductas prosociales, comunicación abierta.
En cambio, eligió el drama fácil del terror genético y el estereotipo del psicópata-asesino. En el proceso, perpetúa dos mitos peligrosos: que algunas personas llevan "maldad asesina" en su ADN, y que psicopatía equivale a ser un asesino en serie calculador.
El verdadero drama de Innato no es que Sara tenga "genes asesinos". Es que, como psicóloga, debería saber que esos genes no existen. Y que al actuar como si existieran —al confundir a Hannibal Lecter con ciencia real— creó para Sebas exactamente el ambiente destructivo que tanto temía. El adolescente no es víctima de sus genes. Es víctima del miedo irracional de su madre a una creencia seudocientífica.
No hay asesinos natos. Solo temperamentos que requieren estrategias de socialización más sofisticadas. La realidad científica es mucho más esperanzadora: sí, algunos niños nacen con temperamentos más difíciles, más impulsivos, menos sensibles al castigo. Pero ningún niño nace siendo un “proyecto de asesino” o condenado a serlo. Con las estrategias adecuadas de socialización —que exigen más de los padres, más de las escuelas, más de la sociedad— incluso los temperamentos más complicados pueden canalizarse constructivamente. La naturaleza se expresa a través de la crianza. No hay asesinos natos, solo temperamentos que requieren estrategias de socialización más sofisticadas.
El verdadero drama de Innato no es que Sara lleve "genes asesinos". Es que, como psicóloga, debería saber que no existen. Y que al actuar como si existieran, creó para Sebas exactamente el ambiente destructivo que tanto temía. El adolescente no es víctima de sus genes. Es víctima del miedo irracional de su madre a esos genes.
Antonio Andrés Pueyo
Enero 2026
