La violencia contra la mujer, especialmente la que se da en el seno de la pareja y/o de la familia es un fenómeno complejo. La preocupación social por este tipo de violencia interpersonal es generalizada y compartida. Se ha conseguido, por la potente actuación socio-legal y preventiva, una gran concienciación pública sobre este particular que se ha transformado en una "tolerancia cero" entre mujeres y también entre los hombres. No obstante aún quedan reductos por "concienciar" de lo profundamente injusto que es agredir, y justificarlo, a las mujeres por el hecho de serlo.
Los fenómenos complejos requieren explicaciones complejas y no valen simplificaciones abusivas que pretenden revelar de forma absoluta los porqués de aquellos fenómenos. Esta forma de actuar no sirve para resolver los problemas reales porque éstos tienen muchas peculiaridades distintas a las que conviene atender. Una explicación rígidamente articulada en torno a la causa originaria de las relaciones hombre-mujer en el sistema machista-patriarcal es claramente insuficiente para comprender la realidad individual de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad actual. Desde aquel argumento se pretende explicar "todos" los tipos y modalidades de violencia contra la mujer y se excluyen muchos otros factores que, seguramente, también están jugando un papel importante en la génesis y mantenimiento de este fenómeno en cada una de sus modalidades. La razón causal antes expuesta es bastante "insuficiente" ya que la evidencia empírica nos lleva a cuestionamientos novedosos. Por ejemplo, ¿realmente el trastorno mental o el abuso del alcohol no tienen que ver con la violencia de género?. ¿No es esta conclusión en cierto modo contra intuitiva?. Numerosas evidencias muestran que aquella explicación univoca es demasiado simplista para la variedad de problemas que agrupa la violencia contra la mujer y corre el riesgo de convertirse en un "mito" especialmente si se sigue abusando de ella y guiando todas y cada una de las intervenciones de la lucha eficaz contra la violencia de género.La violencia de género es muy heterogénea. Incluye la violencia de pareja y la violencia doméstica o familiar. Se distinguen varias modalidades: violencia física, sexual, psicológica (emocional y verbal), económica y el acoso. Dentro de estas modalidades podemos distinguir, a su vez, niveles de gravedad que van desde la simple pelea matrimonial sin consecuencias serias hasta el femicidio, pasando por las lesiones graves, los repetitivos abusos psicológicos o sexuales, etc.. Pero aún más, podemos diferenciar los tipos de violencia contra la mujer en función de los rangos de edad de la víctima y el agresor o de los tipos de relación que mantienen (matrimonio, pareja de hecho, ex-parejas, novios, etc....). Para todo ello una sola explicación, por fundamental que sea, es claramente insuficiente. Que todas ellas sean causadas por las relaciones “machistas y patriarcales” es demasiado simplista y poco útil. Es como si solamente existiese un solo traje y de una sola talla para todas las personas.
Los estudios empíricos nos muestran una multitud de factores de riesgo implicados en la aparición, desarrollo y mantenimiento de la violencia de género. Factores que se pueden modificar, contra los que se pueden tomar medidas especificas de cambio y hacer prevención primaria, secundaria y terciaria. Deberíamos abundar en la apertura mental para comprender la realidad diversa de la violencia contra la mujer y huir de esquemas ideológicos demasiado rígidos que se ajustan poco a la realidad cambiante de nuestra sociedad.
Hace 4 horas

1 comentarios:
Sin duda la metáfora del traje en el caso de los agresores es más que acertada, tanto que hasta ellos mismos en las prisiones (al margen de sus propias distorsiones), se dan cuenta de ello. Metemos a todos en el mismo saco y realmente no profundizamos en sus diferencias dentro de su heterogeneidad, ni adecuamos los tratamientos a las distintas características, tipologías o rasgos (como queramos llamarlo). Siguiendo con el símil, podríamos decir que el actual sistema penal es una fábrica textil a gran escala, en la que no se tienen en cuenta las medidas particulares de cada sujeto, sino que se aplica un patrón de confección estandarizado, que en ocasiones produce trajes poco ajustados a la realidad de cada individuo.
La lucha por la igualdad hombre-mujer era (y sigue siendo) un paso social, cultural y educativo, necesario e imprescindible. Pero el estudio en profundidad de las verdaderas causas de estas agresiones, sin el simplismo mencionado de la sociedad patriarcal (en la que no todos los hombres son agresores), es un paso que debemos dar obligatoriamente en este momento social, en el que además, por las distintas leyes, estamos recluyendo y castigando a personas, personalidades y circunstancias muy dispares, que parecen coincidir bajo la etiqueta de violencia de género, doméstica, familiar o de pareja, pero que probablemente difieran entre sí más de lo que a simple vista parece.
Conforme la sociedad avanza, la investigación debe ir a la par. En los últimos años se han producido muchos cambios sociopolíticos (mejores o peores), a los que a su vez la ciencia debe responder, en nuestro caso, debemos ser capaces de dar una respuesta a una tipología criminal, que a la vista de la estadística, no parece atajarse por la vía penal y cuyos factores desencadenantes son más que complejos. Parece ser que el traje que estamos confeccionando desde la política, es difícil de ajustar a nivel institucional o desde la perspectiva de la prevención y el tratamiento de los agresores.
Cada paso que demos, contribuirá a la consolidación de una sociedad más igualitaria y justa, tanto para las víctimas como para los agresores. Tal vez el camino sea largo y duro, y muchos prefieran recluir o negar los problemas, pero el esfuerzo merece la pena.
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