Lindsay Clancy y el triple filicidio: la imputabilidad y la explicación del crimen

Introducción. 

Pocos casos recientes han generado un impacto tan intenso en los medios de comunicación, y particularmente, un debate necesario en Psicología Forense como el reciente caso de Lindsay Clancy, autora confesa de un triple filicidio. Este crimen, ocurrido en Massachusetts en enero de 2023, ha sido considerado, casi exclusivamente, como un caso criminal grave causado por una psicosis posparto. Es por tanto un debate sobre imputabilidad. Pero la opinión pública, a diferencia de los juristas, quiere saber porque una madre mata a sus hijos. Entender el porqué de uno de los crímenes más terribles que se pueden describir, el filicidio, es lo que hay detrás del interés público, y también de la criminología. De todo lo divulgado se deriva la idea principal de que la enfermedad mental de la madre es la causa del filicidio. Pero, y sobre todo, como que el juicio recién terminado ha sido declarado nulo, hay más las dudas certezas en este caso. 



El caso, en resumen: el 24 de enero de 2023, Lindsay Clancy, enfermera de 32 años y madre de tres hijos (5 años, 3 años y 8 meses), mató a sus tres hijos mediante estrangulación utilizando bandas de ejercicio en el domicilio familiar de Duxbury (Massachusetts). Inmediatamente después intentó suicidarse arrojándose por una ventana, sobreviviendo pero con una lesión medular permanente producida en esa acción suicida. Las descripciones del caso indican que durante los meses anteriores había presentado un deterioro psicológico progresivo que incluyo múltiples consultas psiquiátricas, declaración pública de sus ideas suicidas, sufrió hospitalización psiquiátrica y numerosos cambios de medicación, además de síntomas tales como insomnio grave y ansiedad intensa. En este caso ella misma reconoció los hechos y las evidencias no dejan duda sobre la autoría de los mismos. Por tanto la autoría del hecho criminal nunca ha estado en discusión, que podemos situar en el marco exclusivamente psicolegal y judicial. 

Desde un punto de vista de la Psicología de la Violencia sabemos que los fenómenos criminales tienen múltiples causas a considerar (probablemente interaccionadas). En en este caso el tipo y la gravedad de enfermedad mental que afectaba a la madre filicida es una más, probablemente la más importante, pero no la única. 

Este caso y sus debates asociados son un buen ejemplo de los límites entre una lectura propia de la Psicología de la Violencia (causalidad) y otra la Psicología Forense (imputabilidad).


Además, y esto le da un valor académico y profesional mayor al caso Clancy, en el juicio se han confrontado dos de los mayores expertos forenses de los USA —el psiquiatra Phillip Resnick y el psicólogo forense Kirk Heilbrun— uno asesor de la defensa (Resnik) y otro de la acusación (Heilbrun). 

El debate jurídico era: ¿hasta qué punto el estado mental de Clancy anuló o disminuyó su responsabilidad penal? ¿hHasta anularla? El desarrollo del juicio ha terminado con la nulidad del mismo porque el jurado, después de 36 horas de discusión, no ha llegado a una conclusión por unanimidad y el juez ha si lo ha terminado. 
Los informes forense de la defensa y de la acusación se han centrado en la situación clinico-psicopatológica de la madre y su influencia en la imputabilidad. Podemos resumir estos informes en dos modelos y los mostramos en la tabla a continuación. Defensa (Phillip Resnick) Acusación (Kirk Heilbrun) Psicosis posparto. Trastorno mental grave, pero no psicosis incapacitante. Alucinación imperativa ("una voz ordenó matar a los niños"). No hay evidencia suficiente de esa alucinación como explicación causal. Pérdida sustancial de control y comprensión. Conservación suficiente de capacidades para ser responsable. Inimputabilidad o responsabilidad muy disminuida. Responsabilidad criminal (imputabilidad). 


La discusión es extraordinariamente importante, pero se realiza ante la pregunta y la duda legal sobre la imputabilidad de la madre en el momento de la realización de los crímenes. Pero esto no es, todavía, una explicación de la conducta filicida, es sobre la imputabilidad. 

Por supuesto que están muy relacionadas, pero no es lo mismo responder a la pregunta ¿Es la autora imputable penalmente? que a ¿Por qué cometió el crimen? Y aquí conviene separar dos problemas que con frecuencia se confunden. Preguntar desde la Psicología de la Violencia el “porqué” del acto violento equivale a buscar la explicación de la decisión que llevo a la madre a realizar esas acciones que acabaron con la vida de sus hijos y casi con la suya. Ante estos casos solemos considerar la combinación de varios factores más que la causalidad única. 

En cambio, desde la perspectiva de la Psicología Forense, la pregunta es: ¿Qué capacidades tenía la autora cuando ocurrió? Se trata de valorar la responsabilidad penal desde una perspectiva psicolegal. Así la enfermedad mental puede ser determinante para la segunda pregunta y, sin embargo, insuficiente para responder completamente a la primera. 

Para contestar a la primera pregunta utilizaremos el modelo propuesto por M. Rutter (2003) para explicar la causalidad de los actos violentos, revisado y ampliado por Andrés-Pueyo (2011) y que desplaza la pregunta clásica de ¿Por qué lo hizo? a otra más precisa, más analítica de ¿Por qué decidió hacerlo? La violencia no aparece simplemente como un simple reflejo provocada por un disparador concreto (un factor de riesgo), es una estrategia que incluye varios actos complejos que tienen una finalidad y es propositiva. 

Las acciones violentas son siempre el resultado de una decisión individual concreta que se toma en un momento y escenarios (mentales y/o reales) y que, naturalmente esta siempre influida por múltiples factores de riesgo y de protección que, en el modelo de Rutter y Andres-Pueyo, se agrupan funcionalmente en cinco grandes categorías. Se presentan en la figura siguiente. 


Cada una de estas grandes categorías de factores de riesgo y protección, en cierto modo determinantes de la decisión previa a la acción, responden a una pregunta funcional que corresponde la explicación causal. 

           Oportunidad: ¿Es posible realizar la conducta en este momento? 
           Necesidad / Motivación: ¿Qué problema subjetivo pretende resolver la conducta? 
           Persona / Disposiciones: ¿Qué características relativamente estables aporta el individuo? 
           Estado psicológico: ¿Cómo modifica el estado mental la percepción, las emociones y el control? 
           Coste / Beneficio: ¿Cómo percibe las consecuencias de actuar o no actuar? 

Siguiendo este modelo podemos reanalizar, a partir de las informaciones distribuidas en abierto (publicas) y que son muchas por la cobertura mediática que ha tenido el caso podemos acercarnos a una justificación de la presencia/ausencia e influencia de estos determinantes en el caso Clancy. 


Una primera conclusión es que la enfermedad mental ocupa un lugar muy importante en este suceso, pero hay más elementos a contemplar donde el papel de la enfermedad mental queda integrada y combinada con otros factores. Esta consideración múltiple ofrece una lectura un tanto diferente del caso. 

Una segunda  conclusión, y probablemente uno de los aspectos más importantes del modelo, es que los distintos factores que intervienen en la decisión violenta no actúan de forma independiente, ni pueden entenderse como una simple suma de variables. Su influencia es interactiva y, además, tienen un peso diferente en cada caso y en cada momento. Un mismo factor puede aumentar o disminuir su relevancia dependiendo de cómo se combine con los demás e, incluso, puede cambiar de función. 

En el caso de Lindsay Clancy esto resulta especialmente ilustrativo: características como una elevada responsabilidad personal o un fuerte apego hacia sus hijos, habitualmente consideradas protectoras, podrían adquirir un significado diferente al combinarse con una alteración psicológica grave y contribuir a la idea de que no podía «abandonarlos» o de que debía protegerlos de un sufrimiento futuro. Del mismo modo, el insomnio, que aisladamente constituye un factor de vulnerabilidad relativamente inespecífico, puede adquirir mayor importancia al interactuar con depresión, ansiedad, agotamiento y deterioro cognitivo; y la ideación suicida puede modificar profundamente la valoración de las consecuencias futuras, reduciendo su capacidad inhibitoria sobre la conducta. 

Por tanto, en la Psicología de la Violencia no basta con identificar la presencia o ausencia de factores de riesgo y protección: es necesario analizar qué peso tienen, cómo interactúan entre sí y qué función adquieren dentro de la configuración concreta que precede a la conducta violenta. Los factores no son independientes ni simplemente aditivos; su efecto es interactivo, ponderado y dependiente del contexto

El componente más olvidado (difícil!!): la necesidad subjetiva. La palabra «necesidad» en este modelo puede inducir a error. No hace referencia a una necesidad motivacional, no significa necesidad objetiva de matar. Tiene un significado más funcional y genérico, algo así como “¿Qué problema intenta resolver la conducta desde la perspectiva del autor?”. Ésta es una pregunta clásica de la formulación funcional de la conducta. En el caso Clancy aparecen dos formulaciones distintas. Según la hipótesis de Resnick, la psicosis transforma radicalmente la percepción de la realidad. La conducta responde a una alucinación imperativa y a un pensamiento delirante. Por el contrario la hipótesis de Heilbrun considera que la conducta responde a una lógica suicida y altruista: «voy a morir; mis hijos sufrirán si continúan vivos». 

Curiosamente, ambas hipótesis intentan explicar la misma pregunta funcional y no, por tanto no discuten únicamente un diagnóstico clínico. Discuten qué necesidad subjetiva estaba “resolviendo” el filicidio para su autora. 

Un comentario acerca del componente "Coste y beneficio": una decisión no siempre es racional Otro error frecuente consiste en interpretar este componente como un cálculo racional. El modelo habla de coste/beneficio "percibido y valorado" por parte del autor y, precisamente por eso puede estar tremendamente sesgado e incluso ser irracional. 

En una persona con ideación suicida intensa podemos encontrar evaluaciones como: 
       • la cárcel deja de ser un coste relevante;
       • la muerte propia deja de ser un resultado negativo; 
       • la muerte de los hijos puede adquirir un significado protector. 

Así pues, la racionalidad objetiva desaparece. Permanece una racionalidad subjetiva, organizada alrededor de una representación muy distorsionada de la realidad. Es el punto de encuentro entre causalidad e imputabilidad. Aquí aparece, quizás, la aportación más importante del caso Clancy. Durante el juicio se ha discutido constantemente si existía planificación en el filicidio, es decir una clara acción planificada y decidida “libremente”. Pero la planificación no responde por sí sola a la cuestión jurídica de la imputabilidad 

Conviene distinguir cuatro conceptos que con frecuencia tienen muchos solapamientos: una conducta puede ser intencional, es decir, estar organizada y dirigida a un objetivo; puede implicar además una decisión, entendida como elección entre alternativas; pero ello no significa necesariamente que esa decisión haya sido libre y racional, ya que puede estar gravemente condicionada por un trastorno mental, una alteración emocional o una distorsión cognitiva. Finalmente, la imputabilidad plantea una cuestión diferente y específicamente jurídica: si esas alteraciones afectaron suficientemente a la comprensión (cognición) y el control (volición) de la persona en el momento de los hechos. 

Por eso, una distinción fundamental en Psicología Forense es que la conducta intencional no es equivalente a una decisión libre, ni ésta es lo mismo que una decisión racional y, por tanto equivalente a la imputabilidad. 

Una conducta puede estar organizada, secuenciada y orientada a un objetivo sin que ello demuestre automáticamente responsabilidad penal; del mismo modo, la presencia de una enfermedad mental grave tampoco implica, por sí sola, inimputabilidad. Una formulación multidimensional permite superar una explicación lineal que atribuya el filicidio esencialmente a la psicosis posparto y reconstruir, en cambio, la configuración de factores que pudo preceder a la conducta. 

En el caso del filicidio de Lindsay Clancy confluyen determinadas vulnerabilidades y disposiciones personales —una madre previamente funcional, fuertemente identificada con la maternidad, responsable y sin trayectoria violenta conocida— con un estado psicológico gravemente alterado, caracterizado por depresión, ansiedad, insomnio e ideación suicida, al que se añaden las hipótesis discutidas de bipolaridad y psicosis. En ese contexto adquiere especial relevancia la necesidad subjetiva: la posible convicción de que no podía dejar solos a sus hijos o de que éstos sufrirían después de su muerte. Esta representación pudo modificar profundamente la percepción de los costes y beneficios de las distintas alternativas, hasta hacer que «morir juntos» adquiriese subjetivamente el significado de una solución. Finalmente, una oportunidad concreta —la ausencia temporal del marido, estar sola con los niños y disponer de los medios necesarios— habría facilitado la ejecución de la decisión filicida, seguida inmediatamente por el intento de suicidio. 

Esta formulación tiene dos ventajas. Por una parte, incorpora la enfermedad mental sin convertirla en la causa única del filicidio: su importancia reside también en cómo pudo modificar la motivación, la percepción de las consecuencias y el proceso de decisión al interactuar con los restantes factores. 

Por otra parte, permite comprender mejor el desacuerdo pericial: las distintas hipótesis no necesariamente discuten todos los componentes de la explicación, sino especialmente qué peso tuvo cada uno, cómo interactuaron y, sobre todo, hasta qué punto el estado psicopatológico alteró las capacidades de comprensión y control relevantes para determinar la imputabilidad. 


El caso Clancy ilustra una confusión muy frecuente entre explicación clínica y explicación forense/criminológica. La psicosis posparto puede ser decisiva para valorar la imputabilidad. Pero explicar por qué una madre decide matar a sus tres hijos exige reconstruir un proceso mucho más complejo, donde interactúan vulnerabilidades personales, estados emocionales, motivaciones subjetivas, oportunidades y una profunda transformación de la percepción de costes y beneficios. 

El modelo de Rutter-Andrés-Pueyo tiene precisamente ese valor: desplaza la mirada desde el diagnóstico hacia la arquitectura de la decisión violenta. 


A modo de Conclusión.

La enfermedad mental puede ayudarnos a comprender el estado de la persona que tomó la decisión en la conducta criminal y violenta. El modelo multidimensional intenta explicar por qué, en aquella persona, en aquella situación y en aquel momento, una determinada opción violenta llegó a convertirse en una solución subjetivamente posible. Esta afirmación resume una diferencia fundamental entre Psicología de la Violencia y Psicología Forense. La primera intenta explicar la causalidad de la conducta. La segunda debe responder además a una pregunta normativa: hasta qué punto esa configuración alteró las capacidades de comprensión y control que el Derecho considera relevantes para atribuir responsabilidad penal.