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PSICOLOGIA DE LA VIOLENCIA Y DE LA DELINCUENCIA. CRIMINOLOGIA Y PSICOLOGIA FORENSE. PERSONALIDAD Y DESARROLLO. SOCIALIZACION Y EDUCACION.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La violencia de género y las explicaciones “unidimensionales”.


Hace unos meses, cuando España presidia la Unión Europea, el Delegado del Gobierno contra la violencia de género afirmó que la creación del Ministerio de Igualdad (al que estaba entonces adscrito) había sido la causa del descenso de los asesinatos de pareja en España. Avalaba esta afirmación con la siguiente estadística: en 2008 se crea el mencionado ministerio y en 2009 el número de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas descendió de 76 a 56 (datos del Ministerio de Sanidad, 2010). Naturalmente que quería decir que la acción decidida del Gobierno y la sociedad era capar de reducir esta tasa de criminalidad en España. ¿Qué explica que este año la tasa haya aumentado de nuevo hasta situarse en 71 asesinadas?, no lo sabemos pero a uno se le ocurre crear un ministerio como aquel cada año para que no vuelva a pasar.
Hoy nos levantamos con una opinión nueva acerca de este tema. Según el Instituto de Política Familiar, tal y como lo ha recordado el obispo de Alcalá de Henares, la violencia de género (especialmente el femicidio) es mucho menos frecuente, 12 veces menos, en los matrimonios que en las parejas de hecho. Se apoya en unos datos estadisticos tambien ya que en dicho estudio se ha concluido que «por cada homicidio que se lleva a cabo en un matrimonio, se producen más de 12 en las relaciones no conyugales». Conclusión que se deduce, y petición del obispo, que el gobierno desarrolle políticas de promoción del matrimonio y así se reduciría este tipo de violencia.
Ambas opiniones, respetables, son parcialmente verdad pero insuficientes (muy insuficientes) como explicaciones de las razones que llevan a los asesinos de sus parejas a realizar estos actos criminales y, sobre todo no sirven para actuar con eficacia. No podemos crear cada año un nuevo ministerio de igualdad ni obligar a todas las parejas que se casen por el rito católico. Y, si pudiésemos creo que, tampoco se eliminaría este fenómeno violento. Las explicaciones unidimensionales no sirven para descubrir las causas de los femicidios. No son las actitudes machistas de los asesinos, o ser pareja de hecho, o no tener leyes o recursos para evitar la violencia de género, o los celos, o el sentimiento de posesión de la mujer, o el consumo de alcohol, o la dependencia afectiva de las mujeres, o la tolerancia social hacia el maltrato a las mujeres, o la discriminación de la mujer, etc… las causas del acto violento contra la pareja entendidas como únicas y exclusivas. Las razones, antes expuestas de forma yuxtapuesta, de cada uno de los asesinatos suele ser una combinación particular de aquellos factores de riesgo y otros más no citados (trastorno afectivo, ausencia de red social de apoyo, acceso a armas, separaciones, etc…) que llevan a un hombre a decidir acabar con la vida de su pareja (o a intentarlo) generalmente en situaciones de grave conflicto afectivo y personal con la misma.
Las causas de cualquier acto intencionado, y el femicidio casi siempre lo es, son múltiples y si bien es cierto que algunas son muy frecuentes y comunes a todos los maltratadores (actitudes machistas, celos, consumo de alcohol,..) también es cierto que éstas se combinan y cristalizan de una forma particular que antecede al crimen;  esta situación es la que hemos de identificar (o mejor que el agresor sepa hacerlo para controlarla) para poder evitarla. Siempre un fenómeno complejo se resiste a una explicación sencilla y discutir sobre cuál es la razón más destacada, única y más importante, es terreno abonado para los argumentos ideológicos y políticos, que solo sirve para los periodistas y los tertulianos pero no para los profesionales que actúan en el día a día de la lucha contra la violencia de género. Sumar la política de aumentar los matrimonios a la creación de nuevos ministerios no sería muy eficaz porque,como los datos indican, ambos factores contribuyen algo, pero muy poco o poquísimo al conjunto de causas determinantes de este tipo de delito.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Violencia de género: los femicidios y la desesperanza de las estadísticas.

Los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas sentimentales son execrables, profundamente dolorosos y socialmente muy dañinos. Acontecen en el contexto íntimo y casi siempre en el entorno familiar, provocando por ello unas consecuencias más impactantes que la mayoría de crímenes violentos e igualmente viles. Todos tenemos conciencia de la necesidad de eliminar de una vez este tipo de violencia y, desde hace ya unos cuantos años, existe una gran sensibilización contra esta forma de violencia de pareja que recibe un rechazo generalizado y casi universal.  Además se han tomado medidas y se han realizado actuaciones a todos los niveles para intentar acabar con la violencia de género con la aplicación de potentes recursos sociales, legislativos a todos los niveles posibles (policial, judicial, sanitario,…). Sin embargo la realidad diaria nos pone frente a una estadística de “femicidios” que parece independiente de cualquier acción, lo que nos produce una gran desesperanza y un marcado pesimismo.















Cada año en España, desde 2003, muere una media aproximada de 67 mujeres víctimas de la violencia de pareja. Casi un 60% de éstas fueron asesinadas por sus parejas y el resto por sus exparejas. Las hay españolas (64,2%) y extranjeras (35,8%) y sus edades oscilan entre los 16 y los 80 años. Un 26,9% había denunciado a su agresor y tenia, con mayor o menor intensidad, medidas de protección y el restante  63,1%, no. El grupo de los asesinos también tienen sus parámetros estadísticos de los cuales solo queremos mencionar el hecho, extraño criminológicamente aunque relevante, de que se suicidaron el 16,4% y lo intento otro 20,9%. Todos estos datos son extraídos de las recientes estadísticas que proporcionan el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Estos son los datos y causan, solo hace falta leer la prensa y las declaraciones oficiales, la opinión de que la situación de la violencia de género empeora y parece que no hay nada que hacer para resolver este problema. Quizás este pesimismo no sea del todo justificado y, además, nos impide ser más perspicaces en la búsqueda de nuevas medidas para  reducir los femicidios.
Concluir que las cosas van mal en la lucha contra la violencia de género porque las tasas de asesinatos no se reducen es, cuando menos, un juicio sesgado y quizás no muy correcto. Las fluctuaciones anuales del número de mujeres asesinadas no es el mejor indicador de la dinámica global de la violencia contra la mujer. Naturalmente que los femicidios son el fenómeno más grave y contra el que hay que aplicar los máximos esfuerzos para eliminarlos, pero no son el mejor “termómetro” de cómo va la lucha contra la violencia de género. Y no lo es por dos razones. Primero porque la violencia de género es muy heterogénea, va desde la violencia física puntual o esporádica - naturalmente incluyendo los asesinatos- hasta las coacciones y humillaciones más sutiles y crónicas, pasando por distintos tipos de abusos sexuales a veces malinterpretados en el seno de las parejas. Para conocer la evolución de todas las expresiones de la violencia de género disponemos de datos epidemiológicos, sociológicos, clínicos, criminológicos, etc.. La mayoría de ellos confluyen en un panorama temporal donde destacan tres cosas: los asesinatos se mantienen estables, se reduce la mayoría de formas de violencia grave y aumenta la detección, por tanto el impacto, de las formas de violencia menos grave. En segundo lugar conviene indicar que las causas de los femicidios son mucho más específicas que las del resto de formas de violencia de género. De hecho el asesinato no siempre es el final de todos los procesos de maltrato continuado, y por tanto son muy difíciles de anticipar y prevenir, no olvidemos que hay un buen número de casos de femicidios sin historial de malos tratos, conocidos o no.
Pero si bien podemos ser algo optimistas en cuanto a la eficacia de la lucha contra la violencia de género en la mayoría de sus formas, aún queda por responder la pregunta: ¿qué hacer con los femicidios? Primero e imprescindible: evitar aquellos casos que haya conocimiento (medidas de protección, alejamiento, denuncias…) del riesgo de violencia grave  se produzca el ataque mortal sobre la mujer. Hay que concentrar esfuerzos en estos casos ya que representan una cuarta parte de los femicidios y son, con las dificultades inherentes propias de este tipo de delito, los más accesibles a la prevención sobre todo en comparación con aquellos que sobrevienen sin ningún indicio, amenaza o conocimiento oficial anterior. Segundo, realizar campañas de detección precoz de violencia de género en todos los servicios públicos que atienden a mujeres en situación de riesgo de ser víctimas de violencia de pareja. Tercero, seguir concienciando de la necesidad de buscar ayuda y protección en aquellas mujeres que se encuentren en conflictos muy graves de pareja, sea cual sea la causa de los mismos.
Una última propuesta que, atendiendo a experiencias internacionales, se ha mostrado eficaz en la lucha contra los femicidios y que consiste en analizar cada asesinato, todos y cada uno de ellos, por medio de una comisión análoga a la que se forma después de un accidente aéreo y constituida al efecto, para descubrir los recovecos particulares de cada feminicidio. Estas comisiones pueden descubrir que ha fallado, que ha desencadenado el asesinato y aprovechar este conocimiento para luchar de forma más eficaz contra los femicidios futuros.  Probablemente estas medidas solamente añadan un pequeño efecto, algo más de eficacia, a las medidas que ya funcionan, pero es imprescindible sumar esfuerzos para eliminar decididamente esta gravísima situación que día tras día nos abruma y nos llena de dolor.

viernes, 3 de diciembre de 2010

PREVENCION DE LA VIOLENCIA: TAREA PENDIENTE EN ESPAÑA


He asistido desde mi oficina, por medio de la web, a un Seminario (webinar lo llaman) organizado por la OMS en el marco de su programa internacional de Prevención de la Violencia. Este programa, diseñado desde una perspectiva de “salud pública”, propone generalizar a todos países programas e intervenciones que son eficaces para reducir la violencia, especialmente la violencia interpersonal. Dos ponentes de la OMS y que trabajan en el programa inglés de prevención han sido los tutores y han expuesto (a todo el mundo!!!) las líneas generales de estos programas (ver: www.preventviolence.info). Después de reconocer la importancia de la prevención para reducir el impacto de la violencia en las sociedades modernas, han resumido las principales estrategias de prevención y las evidencias que apoyan su eficacia contrastada.
 
Las estrategias preventivas son muy variadas en cuanto a sus componentes y a qué grupos y en qué momentos habría que aplicarlas. Como resumen podemos destacar las más relevantes (conviene pensar las que están o podrían estar en práctica en España).  
He aquí un resumen de las principales estrategias preventivas de la violencia:
a) intervención socio-sanitaria en familias en situaciones de  deprivación socio-económica (especialmente en madres jóvenes sin recursos) y que tienen (o esperan tener en breve) bebés  recién nacidos;
b) intervención a nivel familiar y escolar en niños y niñas de primaria para mejorar sus habilidades de adaptación social  (evitar malos hábitos de relación social tales como la  agresión física, etc…) y la vinculación al centro escolar y mejorar el rendimiento escolar.
c) intervención decidida para reducir el consumo abusivo de alcohol y su efecto dañino en la salud y las relaciones sociales. El alcohol es un gran “olvidado” en las políticas de intervención socio-sanitaria y representa uno de los factores de riesgo más asociado a la violencia tanto en relación con el agresor como con la víctima.
d) Reducción y limitación en el acceso a armas de fuego, cuchillos y pesticidas (otros tóxicos) que se convierten en instrumentos que aumentan el poder dañino de los actos de agresión física.
e) Actuar decididamente en el cambio de las creencias y normas culturales que apoyan, toleran o estimulan la violencia como modo eficaz de resolver conflictos.
h) Programas de identificación de victimas, atención y programas de apoyo y ayuda al desarrollo y “empoderamiento” de las posibles víctimas de la violencia.
Existen numerosas iniciativas y programas que se han demostrado eficaces por medio de estudios rigurosos siguiendo la metodología de los estudios basados en la evidencia. Estos programas, que son diversos y con objetivos parciales en la mayoría de los casos,  se han probado en USA, Brasil, China, etc.. Su efecto es beneficioso para la sociedad, rentable económicamente y ayuda al desarrollo de las mismas  al potenciar la adaptación de todos sus miembros a la construcción de las mismas.

La existencia de distintos programas y estrategias, muchas de ellas experimentadas en distintos países, nos permiten albergar esperanzas de que en España, más o menos pronto, se activen políticas de lucha contra la violencia interpersonal que ayuden a reducir este fenómeno. Desde aquí queremos animar a los lectores que incidan en nuestras autoridades a iniciar, de una vez por todas, este capítulo aún pendiente de la lucha contra la violencia.
www.preventviolence.info

Buena experiencia de formación personal que me espolea a escribir este post y reclamar este tipo de programas aplicados en nuestro entorno español.